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Quiero ser un flan.

Quiero cambiar, pero no se qué. Necesito algo nuevo porque me encuentro infeliz. Preciso una nueva ilusión. Enamorarme me ilusiona más que nada*Quiero sonrojarme cuando alguien me diga algo y no solo decir gracias, ni mucho menos que sea por pena. Quiero llorar cuando (se supone) me hacen algo que me lastime. Quiero que la emoción del primer beso no sea todo lo que pueda sentir. Quiero sentir. Quiero creer en alguien aunque me cueste mucho. Quiero creer aunque el mundo se empeñe a demostrarme lo contrario. Envidio a los tontos. Quiero ver el futuro sin considerarlo sola. Quiero hacer muchas cosas pero las olvido. Quiero inspirar a alguien para que eso me inspire a seguir haciéndolo. No me basta con ser yo. Soy muy poco. Quisiera pensar menos. Quiero saber decir No. Quisiera estar bien con las casualidades y no tomarlas como símbolo de todo. Quisiera ser seria donde no lo soy, pero a la vez no. Quisiera que no me diera pavor lastimar a alguien. ¿Dónde está el narrador? quiero que me explique lo que pasa que olvidé mis lineas.

Historia de Metro.

Creer es entregarse. Es una entrega sincera, decidida. Algo que se siente para ser. Que crean en ti es una entrega y a la vez un recogimiento. Una fuerza que te atraviesa y aterriza en algún lugar. El lugar de la especulación del viaje, o si es deseo o es pasión. Que crean en ti es lo que hace que valga la pena.

¿Que valga la pena que cosa?

Cualquier cosa.

Creemos porque no sabemos. Cuando no se sabe podemos imaginar. Se le da cabida a muchas cosas, la religión por ejemplo, que se dice que es usada para llenar los huecos que hasta entonces para el hombre eran inexplicables. La ciencia, la tecnología y la mayor información han generado sabiduría que no nos permite seguir creyendo. Y luego llegan los ateos, que por no creer se sienten enajenados a la ignorancia. Y si en algo tuvieran que creer, sería en ellos mismos.

No me gusta la gente que no cree. La creo demasiado egoísta. Necesitamos entregar esa energía, porque si la contenemos creo que es peligroso. No hablo de religión, era solo un ejemplo obvio.


¿En qué crees tú?

Ah, no creo que quieras saber eso, y no lo digo pensando en el posible efecto de mi respuesta. Creo, más bien, que esa pregunta solo es una puerta para juzgar y lo que en realidad quieres saber es si nuestras mentes sincronizan en alguna idea que tengas por ahí que te resulta significativa y posiblemente el destino alumbre el hecho de que somos almas gemelas. Pero primero necesitabas haberte preguntado ¿Creer en las mismas cosas hace a alguien tu alma gemela?

Con una media sonrisa y a paso firme, Ella dobló a la izquierda por la avenida y se perdió entre la multitud.

El hecho de que Ella haya sugerido el interés romántico de Él le pareció desconcertante y a la vez un tanto irritante su soberbia. Pero fue un desconector que solo duró poco pues cada una de sus palabras le habían abrumado de niebla.

— ¿Por qué dijo tantas verdades? — Se preguntó a sí mismo.

Me ha ganado y ya ha dedicado tiempo a cuestionarse y a encontrarlas. Encontrar lo que suena lógico y justificable sujeto a cómo se ha forjado por circunstancias de su pasado pero, ¿es eso lo real? Si hubiera un cambio en su pasado o el mío, digamos, haber crecido en otro país o con otra familia, ¿seguiría siendo eso verdad? Si fuera así, ¿Para quién lo sería? ¿Encontramos diferencias entre verdad y realidad?  ¿Qué es en realidad la realidad? 

 

 

— ¿Por qué estas tan seria? ¿en qué piensas? —

«Me estoy narrando una película» pensó, antes de dejar de ver la ventanilla y voltear a mirarlo — No, en nada. —

— Nos tenemos que bajar en esta estación, ¿vamos? —

— Vamos —

Él la tomó de la mano y le abrió paso para poder salir del vagón.

 — ¿Quieres hacer otra cosa o ya te quieres ir a tu casa? — Preguntó Él.

— No, quiero ir a mi casa. Quiero escribir algo antes de que lo olvide. —  Ella lo miró, lo beso, se sonrieron y se dijeron adiós. Se marchó a casa, llegó, se quito los zapatos y comenzó a escribir.

Jorgito:

Me lo habían dicho antes, y seguro yo se lo diré a los que me seguirán, pero ¡Cómo has crecido rápido!

Es triste, inevitable y duro de aceptar; ya no me necesitas más.

Siento que no hace tanto de aquella vez cuando jugábamos al fútbol con un bote de frutsi fuera de la primaria, y que por mi culpa te torciste el pie, te golpeaste y lloraste. La verdad no sé si llorabas más por el dolor o por la que te esperaba con tu mamá por haber ensuciado tu uniforme.

 

Yo veía como otros andaban forzados con sus niños, agotados y con cara de artos. Yo no, yo te entendía. Entendía que para ti la escuela solo te ayudaba a distinguir los martes de los viernes y te enseñó a contar en regresiva al fin de semana. Entendía que ninguno de los dos entendía que jugar en Dios sabe que lados y Dios sabe cuando, estaba mal. Entendía que el coco ya no te asustaba y que tu madre tendría que ser más creativa a la hora de castigarte, sabía que lo haría y que te molestarías una vez que descubrieras la mentira. Contabas con que yo no diría nada de aquella vez que quemaste las cobijas de la abuela cuando jugabas al escondite. Por eso fue que duramos más tiempo juntos, me gusta pensar, a la menos más que los demás.

 

Desde esa primera vez que te vi supe que sería yo, y que quería ser yo, quien te acompañe en cada paso, salir y tratar de entender este mundo juntos, que sería yo tu apoyo en las caídas y quien te daría fuerzas cuando quisieras correr, aún más cuando quisieras correr más rápido cada que competías.

 

Mentiría en decir que fue fácil. A veces pensaba en solo llegar a casa y descansar, dando el mentado viejazo. Ya no estoy para estos trotes, ¿quién me trae aquí?. Como cuando me pediste ayuda para intentar las patadas voladoras… Aún así, al final del día sabía que preferiría mirar atrás y recordar esto. Nadie en realidad recuerda su vida por los momentos en que durmió. Creciste chamaco, y lamentablemente yo no pude crecer para ti. Ya me quedarán tus tardes de videojuegos o televisión para descansar.

 

Es tiempo de separarnos, y de que tú sigas. Yo ya te llevé hasta donde más pude, se que yo ya no avanzaré mucho pero sé que no te detendrás y eso, eso me emociona. Ya vendrán otros a contarme nuevas historias mientras yo espero con los viejos en el baúl.

 

Hasta siempre

 

Tus Zapatos.

Estar en todos lados.

El otro día entre a about.me, y decidí crearme una cuenta para ver de qué trata mejor. El sitio sólo parece ser un flavors.me menos funcional y más estético. Al estar introduciendo mis cuentas a las diferentes opciones me di cuenta que tengo en casi todas (que en realidad no las uso todas), y que también no podía poner mis cuatro Tumblr’s, o mis dos cuentas en Twitter, y el motivo de tenerlas no es que las necesite (¿quién sí?), es que no encuentro donde colocar lo que de repente veo, hago o simplemente me gusta, tomando en cuenta si le era de interés a quien lo podía ver (al menos a la mayoría). Me dio un sentimiento extraño, me sentí atrapada. La verdad es que me gusta compartir, pero no sé porque siento que tengo que dividirme y agregar una parte de mí en cada cuenta. Hacer popular nuestros lados menos conocidos. Probablemente sea mejor para organizar contenido pero parece ya que quien te lee tiene más influencia de lo que pareciera. Luego me entero que no solo me sucedía a mí, muchos tienen cuentas alternas para protegerse o diversificarse. ¿De qué se trata esto? Siento que “estoy” en todos lados pero pertenezco a casi ninguno. ¿Para qué hacemos todo esto? Tomamos el compartir tan implícito en internet que pocas veces nos detenemos a preguntar ¿Para qué?

Pocas cosas tan intrigantes como un pedazo de papel perdido.

Memoria de lo que quería ser y nunca fue.

Recuerdos que el cobarde quiere olvidar.

Palabras que nadie quiso escuchar.

Palabras que no se pudieron decir.

Escribir, es dudar de la memoria.

Cuando te diriges a mí, al menos sé que por ese momento, aunque dure un segundo, estas pensando en mí. Y soy lo que tus ojos miran y eres lo que mi voz toca. Y mientras imagino que se rompe nuestra distancia, te das media vuelta, siendo tu espalda el único testigo de mi sonrisa.